La Víbora: una joya de la meseta ibérica

La biodiversidad de la Península Ibérica alberga criaturas de una complejidad fascinante, a menudo envueltas en mitos y temores infundados. Entre ellas destaca la víbora, un reptil que, a pesar de su mala fama popular, desempeña un papel ecológico vital y muestra una notable adaptación evolutiva al entorno de la meseta y las zonas montañosas.

 

La víbora prefiere hábitats rocosos, laderas soleadas y zonas de matorral mediterráneo. Es un animal que depende del sol para regular su temperatura corporal. Por eso, es habitual encontrarla «tomando el sol» sobre las rocas durante las primeras horas de la mañana.

 

Es un animal extremadamente esquivo y tímido. Su primer instinto ante la presencia humana no es el ataque, sino la huida o la inmovilidad total, confiando en su camuflaje. La mordedura se utiliza solo como último recurso de defensa, en caso de que el animal se sienta acorralado o sea pisado inadvertidamente.

 

La presencia de la víbora en la Meseta Ibérica es un indicador de la salud del ecosistema. Como depredador intermedio, controla las poblaciones de roedores que, en exceso, podrían convertirse en plagas agrícolas o transmisores de enfermedades.

 

Encontrar una víbora en un sendero o entre las rocas de la meseta no debe considerarse un momento de peligro, sino un privilegio para observar la naturaleza en su estado más puro. Sin embargo, para garantizar la seguridad tanto de los humanos como de los animales, existen normas de conducta que deben seguirse rigurosamente:

 

 

 

Mantenga una distancia de seguridad.

 

No moleste ni intente hacer fotos.

 

Lleve botas de montaña.

 

 

 

La víbora es una joya de la meseta ibérica que merece nuestro respeto y protección. Comprender que su existencia se basa en la discreción y la utilidad biológica nos permite sustituir el miedo por el conocimiento, garantizando que este reptil siga patrullando los riscos de nuestra meseta durante muchas generaciones.

 

 

Data da Notícia: 
Miércoles, Enero 28, 2026